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EL COLCHÓN MÁS ANTIGUO DEL MUNDO


El descubrimiento en el refugio de piedra de Sidubu

 En el refugio de piedra de Sidubu, en la provincia de KwaZulu-natal a 40 kilómetros de Durbán, en el sur de África, fueron descubiertos en 1998, por el equipo dirigido por el profesor Lyn Wadley de la universidad de Witwatersran de Johannesburgo, restos de los colchones más antiguos del mundo.

    Los humanos primitivos ya fabricaban colchones con hierbas y plantas que tienen uso medicinal.

La antigüedad de los colchones vegetales

 La secuencia estudiada es de tres metros de grosor y abarca un periodo de entre 77.000 y 38.000 años. 50.000 años antes de lo que se creía que fueron hechas las primeras ropas de cama. Lo que da a entender que los humanos constantemente estaban fabricando esos colchones vegetales.

Las plantas utilizadas y sus propiedades

    La encargada de diferenciar las distintas especies vegetales era la botánica Marión Banford, botánica de la universidad de Witwatersran . Ella  asegura que” el uso de repelentes de insectos nos da una nueva dimensión del comportamiento humano primitivo”.

 Encontraron una veta con al menos 15 capas distintas de restos hechos de plantas, estas plantas se identificaron como pertenecientes a la Cryptocaria, de la familia de los laureles, los cuales se usan en la medicina tradicional. Sus hojas trituradas emiten unos rastros químicos con propiedades insecticidas. 

 Wadley apuntó que “los habitantes de este lugar ya tenían conocimientos de las plantas que los rodeaban y de su uso medicinal”.

El uso de los colchones y del fuego

    Se cree que estos humanos recolectaban plantas y semillas alrededor del rio Thongathi y el lecho que hacían de plantas además de para dormir lo usaban para trabajar sobre él.

 “Pasado cierto tiempo lo quemaban probablemente para eliminar los parásitos y acabar con las plagas, lo que supone un nuevo uso del fuego por parte de la especie humana” destacan los investigadores.

Publicación del estudio

Éste es un descubrimiento más en la última década.

(El estudio fue publicado en el número del 9 de diciembre de la revista Science.)

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